URUGUAY ES UNA FIESTA

 


En un recorrido por la escena musical montevideana descubrimos que detrás de La Vela Puerca y No Te Va Gustar se distingue una nueva generación de músicos que supera las fronteras tradicionales del candombe beat para experimentar con electrónica, hip hop y nuevos enfoques sobre el rock y el blues rioplatense. Pasen y vean lo que está llegando desde la otra orilla.


MONTEVIDEO (Enviado especial).- "Por favor, no arroje aquí la yerba." La inscripción no debería llamar la atención si no fuera porque está impresa sobre el lavabo del baño de hombres -sospecho que se repite en el de mujeres- de un flamante shopping montevideano. Bienvenido a Uruguay, pienso.

Un día en la capital de la Suiza del Sur basta para querer volver. Y la música colabora. El candombe y la murga, omnipresentes, pasean por la rambla de punta a punta, van del puerto a los barrios más acomodados, incluso surcan por entero el país mejor que cualquier autopista que se desee trazar. Pero el rock no se queda atrás. Mientras algunas de las bandas más convocantes, como La Vela Puerca y No Te Va Gustar, emprenden nuevos desafíos, el under charrúa explota: un racimo de nuevos grupos busca salir a la superficie.

A los uruguayos no les alcanza con embarrarnos la cancha con la nacionalidad de Carlos Gardel. A aquella eterna disputa se le suma otra, la de quién empezó con el rock en el Río de la Plata. El revisionismo oriental dice que no fueron los rosarinos de Los Gatos Salvajes (el primer nombre del grupo de Litto Nebbia y Ciro Fogliatta), sino los Shakers de Fattoruso. Es que entre fines de los 60 y la década del 70, Uruguay creó un sonido particular: el del candombe beat, y eso es suficiente para que se agranden. La música que ya circulaba por sus calles se mezclaba con una más nueva, que comenzaba a filtarse por sus barrios. A El Kinto de Rubén Rada y Eduardo Mateo se le sumaban El Sindykato de Miguel Livichich, el Montevideo Blues de Dino y Totem (de nuevo Rada), además de rarezas como el Sexteto Electrónico Moderno, suerte de prehistoria del rock sinfónico de este lado del mundo.

Los 80 y buena parte de los años 90 fueron tan grises como el cielo que esta mañana de viernes posa sobre la rambla montevideana. Acudiendo al título del segundo disco de No Te Va Gustar, este fuerte viento que sopla viene del Río de la Plata, de la orilla más limpia o menos contaminada, como prefieran. Evitarlo es un pecado. Vale la pena dejarse cubrir por él, someterse a sus caprichos y hasta sentarse en la arena húmeda a contemplar el paisaje. Es que de esto también se nutre el rock oriental.

Una nueva identidad

"Hay que remar igual en subida que en la bajada", canta Emiliano Brancciari en Cómo brillaba tu alma, el tema que abre el segundo disco de NTVG, y ése parece ser el motor que mueve a la nueva generación de bandas orientales. Desde mediados de los 90, grupos como La Vela Puerca, Buenos Muchachos, Buitres, Trotsky Vengarán y, más atrás en el tiempo, La Tabaré y Abuela Coca, vienen remando para darle una nueva entidad al rock charrúa. Y vaya si lo están consiguiendo. La Vela gira actualmente por Europa y ya tiene su lugar en los corazones argentinos. Desde hace unos años emprende un trabajo de hormiga, tocando en la costa atlántica en verano; en el interior y en Buenos Aires, donde acaba de colmar, en tres funciones, El Teatro. En el mismo camino se encuentran, con tiempos y suertes dispares, Abuela Coca, The Supersonicos, Cuarteto de Nos y No Te Va Gustar (NTVG). Justo este fin de semana, Emiliano y compañía estarán girando por estas tierras. Hoy tocan en el ex Roxy de Lomas de Zamora, mañana en Ruca Chalten y el domingo en Santana Bar de Ramos Mejía.

Pero ahora estamos en Punta Carretas, zona montevideana que hace las veces de base de operaciones de NTVG. Allí está su sala y allí, detenido en el tiempo, se encuentra un bar de parroquianos como los que aún sobreviven en los cien barrios porteños. Son las dos de la tarde y los habitués se entretienen tomando unos whiskies y hablando de fútbol. Parece que no le va muy bien a Nacional y aún peor es la actualidad de Peñarol. De la Celeste se habla poco, lo suficiente como para matar el tiempo. Emiliano llega cabizbajo, con su timidez a cuesta. No parece ser la nueva estrella del rock uruguayo y ahí está parte del secreto de No Te Va Gustar: pibes comunes concretando el sueño de miles.

Montevideano por adopción, Emiliano es argentino y vivió en Munro hasta los 13 años. "Se separaron mis viejos y como mi mamá es uruguaya y estaba sin laburo decidió viajar. Un poco después vinimos mi hermano y yo y nos quedamos acá. Y no me voy más." Ahí hay otra clave. En medio de una nueva diáspora, que se acentuó con la crisis económica, todos parecen estar de paso en Uruguay. Para algunos, el caso de Jorge Drexler es tentador. Pasó de tocar sin mucha gloria en pequeños reductos montevideanos a ser la cabeza de una nueva generación de cantautores gracias al prestigio ganado en España y en la Argentina. A otros esto no los moviliza pero sí los inquieta la incertidumbre de su entorno. Hoy se va un amigo, mañana la familia vecina de toda la vida y más tarde es uno el que emigra. "Siempre decimos que en este país todos tenemos un amigo en Amsterdam", ironiza Cristian Cary, guitarra blusera y voz de La Triple Nelson (ver recuadro). Y el tema está en el aire. En las charlas del día a día y en las letras de los temas. Como en el texto que acompaña el sobre interno de Filosofías de insomnio, disco debut de La Teja Pride. "En estos años hemos acompañado a demasiados amigos al aeropuerto", reconoce el sexteto de hip hop, revelación uruguaya del año.

Feliz en la patria adoptiva, Emiliano sigue remando. "Yo estoy muy bien acá. Quizá, cuando tenés una banda que lleva diez años tocando creés que tendrías que estar en otro momento económico. Acá no se da y tal vez no se dé nunca, pero ya nos consideramos privilegiados por vivir de lo que nos apasiona y por la posibilidad de decir cosas en el lugar donde queremos vivir. Quizá no sea todo, pero con eso alcanza. Hay gente que se va porque no tiene trabajo, pero yo lo tengo."

El camino obligado

En el horizonte está Buenos Aires, el primer nuevo destino posible y así como las bandas argentinas que intentan hacerse la Europa deben empezar de cero, NTVG tiene en claro que debe imitar el procedimiento. "Es un poco chocante volver al principio, al tiempo de cuando no nos conocía nadie pero, a la vez, está buenísimo, porque la sorpresa es algo que perdimos en Uruguay. Ver la reacción de un público que te está escuchando por primera vez es muy lindo, y para nosotros es como retroceder ocho años."

Aún es joven la tarde en Carretas y el cielo plomizo ayuda para que se dispare la sensación de que el tiempo se ha detenido. A la noche nos espera el concierto de Jorge Nasser, un rocker oriental que decidió cambiar de bando. Acaba de sacar en las dos márgenes del Río de la Plata Milongas del querer, su excelente segundo disco solista y por allí se vislumbra otra punta para entender la idiosincracia del rockero uruguayo. Podrá fusionar o no su música con el candombe, la murga y la milonga, pero esa información siempre estará ahí, a flor de piel. Si hasta en las bandas punkies se filtra de tanto en tanto una cuerda de tambores o una guitarra con aires de Zitarrosa.

Sólo nos queda un breve recorrido nocturno por Ciudad Vieja y a dormir. Mañana temprano debemos emprender la retirada y la nostalgia ya empieza a apoderarse de nosotros. "Esta es una linda ciudad para vivir si tenés plata, sin necesidad de trabajar", me dicen en una charla informal. Y Buenos Aires también, pienso. Pero de uno y otro lado de la orilla no nos queda otra que seguir remando. Y hasta aquí fue siempre corriente arriba.
 

Sebastián Espósito