SHOW HISTÓRICO
No Te Va Gustar, una banda agradecida.
No Te Va Gustar pasó a la historia al transformarse en el primer grupo de rock
uruguayo en convocar a más de 10.000 personas en un solo concierto y por ellos
mismos, con entradas pagas. El sábado pasado en el Velódromo Municipal la
agrupación tocó casi tres horas ante una impresionante multitud. "Todavía no sé
qué supone esto que pasó para nosotros", reconoció con honestidad Emiliano
Brancciari, cantante de la agrupación. "Fue impresionante lo que pasó. Cuando
dijimos de tocar en el Velódromo no sabíamos lo que iba a pasar y cuando vimos
toda esa gente fue algo muy emocionante", dijo el músico a El Observador, quien
recordó una emotiva anécdota vivida antes de salir a escena: "Estábamos en una
carpa para los músicos y nos reunimos todos y nos pusimos a cantar el Himno
Nacional con gran fuerza. Eso nos dio mucha energía. Antes de entrar al
escenario dijimos: 'vamos a divertirnos, si hay errores que los haya, pero
disfrutemos de esto'".
Emiliano Brancciari afirmó que "el recuerdo más lindo que queda del sábado es el
cariño de la gente. Eso vale todo el esfuerzo que hicimos". No Te Va Gustar
descansará unos días antes de comenzar una gira por el interior del país. El
grupo enfrentará un nuevo desafío en mayo: viajar a Europa para realizar su
primera gira por el viejo continente.
LUGAR: Velódromo Municipal
DÍA: Sábado 5 de Marzo
DURACIÓN: 2 horas 40 minutos
CAPACIDAD: 12 mil personas
**** MUY BUENO
El sábado a la noche el Velódromo Municipal estaba colmado de público.
Impresionaba. El motivo de tan alta convocatoria era para ver el show de un
grupo uruguayo. Uno solo: No Te Va Gustar. Había más de 10 mil personas o tal
vez más. Bastante más que todas las que fueron a la primera fecha del Campeonato
uruguayo de fútbol juntas. Hasta el sábado, la historia decía que cuando el rock
uruguayo lograba convocar a una multitud de este tipo era con espectáculos en
donde tocaban varios grupos (Durazno Rock o El Centenariazo). Es decir, no había
forma de saber si la gente concurría por los grupos en sí o por el poder de
convocatoria social que naturalmente tienen este tipo de shows multiartísticos.
En esta oportunidad quedó claro: el público estaba allí para escuchar a No Te Va
Gustar.
La audiencia era variada en cuanto a edades. La gran mayoría eran jóvenes de
entre 15 a 25 años, pero también había muchas parejas acompañadas con sus
pequeños hijos. Público variado pero no heterogéneo. El perfil de la audiencia
de No Te Va Gustar era el mismo en toda multitud: de espíritu familiar y con
ánimo de diversión respetuosa. No fue una casualidad, sino una causalidad: la
banda es responsable de ese clima pacífico, ideal para disfrutar cualquier
expresión artística. La primera señal positiva de No Te Va Gustar llega desde
sus letras: no incitan a ningún comportamiento violento y no se encuentran
referencias a que "todo va mejor" tomando alcohol en exceso, como sí lo han
hecho otros grupos de rock uruguayo. Esto no significa que se trata de una
lírica inocua. Por el contrario, sus letras son cercanas, a veces cantadas con
bronca, pero siempre con una retórica humana y sensible, aquella que los Beatles
marcaron por primera vez en el pop cuando cantaron "All You Need Is Love". NTVG
apuesta a los sentimientos más auténticos. En dos oportunidades y en forma
espontánea dedicaron el concierto a sus familias -"a nuestros padres a quienes
tanto le debemos"-, dijo una vez uno de los músicos, en tanto, el cantante
Emiliano Brancciari dedicó el tema La Única Voz, a su madre. NTVG parece estar
diciendo: "hay una utopía posible y esa es a través de la familia". Esa fue una
de las señales que dejó NTVG en su concierto del Velódromo. Y tal vez la más
importante. Un mensaje franco, instintivo, íntegro de una agrupación que tiene
una conducta ética, una forma de ser y sentir la vida. Debe decirse: NTVG
rechazó una fortuna y se negó a aparecer en el comercial de cigarrillos Nevada.
EL CONCIERTO. En escena NTVG demostró que es la agrupación uruguaya con mayor
musicalidad en estos días. Posee un ensamble excelso con isntrumentistas de alta
precisión técnica. También ha logrado hacerse de un repertorio amplio: tocaron
más de dos horas y se disfrutaron todas las canciones, la gran mayoría
conocidas. Fue un concierto irreprochable en ese sentido. Aunque hubo algunos
desaciertos en otros aspectos: la banda demoró demasiados segundos entre canción
y canción. Hubo tiempos muertos. NTVG lograba subir el clima en cada canción
pero luego, el propio grupo, se encargaba de bajarlo al no tocar rápidamente
otro tema. Se perdía intensidad emocional.
Otro desacierto fue lo mal aprovechadas que estuvieron las dos pantallas
gigantes que estaban a los costados del escenario. Se abusó con imágenes de
archivo y fotos en vez de pasar lo que estaba pasando en escena. Por otra parte,
cuando las cámaras enfocaban algún solo de los instrumentistas siempre llegaban
tarde. ¿Acaso no había un guión? ¿El director de cámaras no sabía cuando venía
un solo de piano, cuándo llegaba un arreglo de la sección de vientos? Dio la
sensación de que no. Aquí algunos ejemplos: cuando el cantante Emiliano
Brancciari interpretó el tango Naranjo En Flor, pidió se coreara el nombre del
bandoneonista invitado, Waldemar Metediera, de correcta performance. Jamás se
enfocó su cara. Hubiera estado bueno conocerlo. En pantallas tampoco destacó la
presencia de otros invitados. Por ejemplo, Damiana Orue en violín y Evangelina
Fernández en viola acompañaron a NTVG en los temas Solo y Adiós. Cuando llegaron
sus arreglos de cuerda sonaron muy bien en el tema Adiós. Daban ganas de ver
quién estaba tocando. Nos quedamos con las ganas. Las cámaras las enfocaron poco
y nada. Los que estábamos en la tribuna, a metros y metros del escenario, no
veíamos nada más allá de la parafernalia lumínica. Una lástima.
El concierto tuvo unos cuantos invitados: el más aplaudido fue Sebastián
Teysera, cantante de La Vela Puerca quien participó en las canciones Cosa Linda,
Clara y No Llegás A Mí. Su presencia fue significativa de cómo está el rock
uruguayo hoy en día: vive un ambiente de gran camaradería, todo lo contrario a
lo que pasó en la década de 1980, cuando eran todos contra todos. ¿O alguien se
podría imaginar a Jorge Naser y Gabriel Peluffo cantando una canción juntos?
Más allá de la popularidad de Teysera, el invitado que más destacó fue el
tecladista Marcel Curuchet. Con un toque cercano al jazz latino, Curuchet dio
nuevos matices y elevó a otra dimensión las canciones de NTVG. Muy, pero muy
respetable.
Después de 30 canciones, el concierto cerró con No Era Cierto. Una algarabía
(pogo para los entendidos) contagió a todo el público del Velódromo. "Me gusta
verte reir", canta Brancciari en uno de sus mejores temas. Al ver a esa multitud
tan feliz con sus canciones bien contento se debe haber quedado.
Más allá de aciertos y errores, lo más importante del espectáculo de NTVG es que
pasó a formar parte de la mejor historia de la música popular Uruguaya. Fue un
hito. Un paso adelante.
Alejandro Espina