REGGAE, CANDOMBE Y AGITE
Velódromo de Montevideo. Sábado 5 de Marzo de 2005. (+++
Bueno)
No vale la pena elaborar complicadas teorías sobre amaneceres y soles para
percibir que la utopía cuesta pero puede alcanzarse, o por lo menos ser
celebrada como se merece en el resbaladizo juego de los sueños colectivos. La
banda uruguaya NTVG, la que lleva el sol -la luz, la energía, la pureza- como
estandarte, acompasa desde el rock ese mismo camino que ha colocado a Tabaré
Vázquez en el sillón presidencial. Progresismo -soft-centroizquierda =
Alterlatino-barrio-buena onda.
"Yo ya no quiero soñar solo", frasea Emiliano Brancciari mientras acompaña la
agradable melodía de la canción que abre el nuevo disco, Aunque Cueste Ver El
Sol. En un Velódromo repleto, con miles de entusiastas que se saben una por una
las treinta canciones, la banda comandó dos horas y media de fiesta que incluyó
una respetuosa versión de "Naranjo En Flor". Un oído exigente reclamaría al
menos un intérprete más decadente, al estilo Andrés Calamaro de resaca. Pero no
importa, porque el cantante y la banda disfrutan del juego, reciben en el
escenario a Teysera de La Vela, entre otros amigos. No están solos. Ya no lo
estarán. Permanecesn en la utópica vereda del sol y la fiesta no para. Los
mensajes son directos. Es el asalto popular de NTVG (la primera vez que una
banda montevideana convoca a tantos miles en una cancha). El público baila y
festeja sobre el pasto, como lo pide este reggae entusiasta, porque ante todo es
una potente banda de reggae -como pocas en la región- que se deja llevar con
honestidad al candombe y la murga, sin olvidar un rock que admite esa facilidad
melódica que va y viene desde hace años en la cancha. Entonces que siga el
agite, porque "hay que remar igual en subida que en la bajada". El espectáculo,
presentación de un disco que es platino en el Uruguay, tuvo sabor a despedida,
ya que la banda partió de gira por el interior uruguayo, por Buenos Aires y, en
mayo, se lanzará su primera gira europea.
Gabriel Peveroni