INVASIÓN BOTIJA
Se acaban de editar los nuevos discos de Once Tiros y Sordromo,
dos de las más interesantes bandas del nuevo rock charrúa, modelo siglo XXI
Algo huele a nuevo en Montevideo. ¿Cuántas veces hablamos del rock uruguayo del
siglo XXI? ¿De La Verla Puerca, de No Te Va Gustar y de la larga lista que viene
pidiendo cancha? Bueno, hay que seguir con el tema, quizá porque del otro lado
del charco aún no se perdió la capacidad de asombro, quizá porque el
florecimiento de su rock contrasta con el período invernal que atraviesa el
nuestro. Lo importante es que volvimos a viajar con la excusa de ver la
presentación del segundo disco de Once Tiros, "Glamour y violencia", charlar con
ellos y también entrevistar a Sordromo. Había otro motivo, claro, que ambos
discos acaban de editarse en la Argentina.
"Desconfiá de Satanás, desconfiá de Tata Dios, desconfiá de la basura que ves
por televisión", canta Pablo Silvera en "Que no decaiga", track 2 de "Glamour y
violencia" (allá, Bizarro Records, acá Barca). Suerte de declaración de
principios, la más joven de las nuevas bandas charrúas (entre los ocho promedian
los 23 años) empezó a gestarse hace 7 y rápidamente encontró en La Vela Puerca
un espejo adonde mirarse. Siguiendo los mismos principios estéticos, trató por
igual los ritmos rioplatenses, el reggae, el ska y el rock, y los fusionó con
letras claras y contundentes. La televisión aparece como sinónimo de
putrefacción ("...Concentrado en un envase negociable es mucho más saludable el
palo enjabonado que el rating que agoniza") y la posadolescencia se manifiesta
filosa ("Se ha empollado un huevo que dará a luz al toro más vaca del mundo,
dueño de nada y presunto de todo"; "Mal de karma"). En vivo, aún con mucho por
aprender, se mueven con soltura y el cantante se distingue por sus dotes de
frontman, pero seis años atrás ni soñaban con dedicarse a esto. "Al principio
éramos sólo tres los que nos juntábamos a hacer música o, mejor dicho, a
aprender a tocar -expresa Pablo- . Ahora somos ocho en el escenario y muchos más
trabajando en otros sectores. Se fueron sumando familias enteras al grupo y
muchos aprendieron su oficio en Once Tiros. Un ejemplo es el de Campero, el
técnico de escenario. El era un fan de la banda hasta que un día le preguntamos
si quería trabajar con nosotros."
A fuego lento, así se cocinó el nuevo rock charrúa y los ejemplos de Once Tiros
y Sordromo valen para entender que si ahora debajo de cada baldosa montevideana
saliera una banda, sería porque el rock se impuso por goleada a los
contratiempos. "Con relación a ustedes estábamos muy atrasados -cuenta Rodrigo
Gómez, voz, composición y guitarra de Sordromo-. Acá hubo una última fiebre a
fines de los años 80, pero después se apagó. Siempre hubo bandas, pero lo de
ahora es un movimiento, con grupos que suenan bien, practican distintos estilos,
editan sus discos e, incluso, van a tocar al exterior."
En el medio, la asunción de Tabaré Vázquez les imprimió, a los uruguayos en
general y a su cultura en particular, una cuota extra de optimismo, que sirve a
la hora de pasar a la práctica lo que descansa en el campo de las ideas. "La
Intendencia de Montevideo está a cargo de la izquierda desde hace 15 años
-agrega Rodrigo-. Aunque no son los únicos, hicieron muchas cosas por la cultura
y, ahora que son gobierno nacional, todos creen que van a seguir y aumentar esa
política."
La balanza se terminó por inclinar para el lado del rock después de que los ecos
de la fiesta menemista se acallaron definitivamente. Crisis económicas mediante
-de uno y otro lado del río-, la música tropical se esfumó junto con las
baratijas importadas. "Se dio vuelta la torta -sentencia Pablo, de Once Tiros-.
El rock encontró su lugar y le dio laburo a mucha gente. Más allá de los
estilos, nos apoyamos entre todas las bandas y le damos para adelante. En
Montevideo siempre hubo rock, pero el interior era territorio tropical. Ahora,
cuando vamos a tocar a los departamentos (provincias), los más chicos cantan a
favor del rock uruguayo. Ellos son los primeros que se pusieron la camiseta."
Amplitud estética y estilística, de eso se trata, y en ese camino Sordromo
podría definirse como la menos uruguaya de las nuevas bandas. A distancia de La
Vela y No Te Va Gustar, adhiere a un pop y a un rock más oscuros y
británicos, sin percusiones ni vientos sobrevolando la zona. "Cuando nos
juntamos ya teníamos veintipico. Sonaba mucho El Peyote Asesino, empezaba a
salir La Vela y a nosotros nos pareció que teníamos que diferenciarnos y ser
fieles a la música que escuchábamos, porque crecimos con The Cure, que es lo que
pasaban en la radio y no música uruguaya." Su reciente "Los amigos invisibles"
(Bizarro y Barca) es todo un síntoma: la melancolía, la desilusión y el
optimismo pelean palmo a palmo con final incierto. Tal vez estemos agrandando
las cosas. Tal vez, como dice Rodrigo, la curiosidad por la ciudad que hay del
otro lado del río es la que nos lleva a cruzarlo. Entonces, seamos curiosos.