FIESTA FINAL: UN MAR DE GENTE EN LAS CANTERAS

 


No Te Va Gustar sólo pudo tocar un puñado de temas y suspendió el show por seguridad

La más reciente edición de la Fiesta Final fue probablemente la más concurrida de las realizadas hasta el momento. La cifra 70.000 personas, de acuerdo con lo informado por la organización del acontecimiento, no suena descabellada. A la "hora pico" de la fiesta, entre la una y las dos de la mañana del domingo, parecía incluso más difícil que el año pasado desplazarse de un escenario a otro.

La oferta, como de costumbre, era abrumadora: música para casi todos los gustos, bebida, comida, performances, actividades deportivas, exhibiciones motoqueras, de capoeira y hasta bungee-jump desde una grúa para los valientes y adictos a la adrenalina. Los que se animaron a ascender a más de veinte metros de altura y luego arrojarse al vacío con un fuerte elástico atado a los pies fueron una de las atracciones más divertidas y aterradoras de la noche.

Si bien la oferta era inabarcable y a menudo era complicado acceder a un lugar desde el cual se pudiera apreciar medianamente bien a un artista, el cronograma de la fiesta parecía mejor dispuesto que en ediciones pasadas. Pero a medida que transcurrían las horas, los tiempos se fueron corriendo y todo el andamiaje horario se fue modificando.

tango. El primer plato fuerte de la noche llegó a las 22 horas: Ruben Rada. El popular cantante y compositor se apoderó del escenario de Café Misterio/Bar Tabaré y ejecutó algunos de sus más significativos éxitos, además de algunos temas de su más reciente álbum, Alegre caballero. Varios miles de personas cantaban y bailaban al ritmo de lo que el cantante y su banda hacían en el escenario. Un par de horas antes, la cantante Francis Andreu realizó una muy buena presentación el el escenario de Fun-Fun junto a los guitarristas Ney Perazza y Nicolás Ibarburu. La poderosa y arrabalera voz de Andreu brilló en solitario o a dúo con el invitado especial "Pinocho" Routín, en lo que fue una de las mejores ofertas de la noche.

Cerca del escenario de Fun Fun y un poco después, Lapso, la banda ganadora del concurso Bandplugged el año pasado (junto a Psimio) concluía su presentación con el cantante y el guitarrista tirándose del escenario a los brazos del público. Cuando Rada comenzó a terminar su show, realizado con la solvencia de siempre, se venía la actuación de No Te Va Gustar en el escenario de W. Lounge. El grupo era esperado con ansiedad por el mayor público que cualquier otro artista haya congregado esa noche. Tantas eran las miles de personas que quisieron agitar al ritmo de las canciones de Emiliano Brancciari y los suyos que la presión sobre los fanáticos que estaban contra el vallado que separaba el escenario del público se hizo insostenible y los primeros desmayos y malestares aparecieron.

PELIGRO. La aglomeración de personas fue tal que los músicos solo alcanzaron a tocar una parte de un tema antes de parar y decidir qué se haría. Atrás del escenario, representantes, músicos, personal de seguridad y organización discutían sobre qué medidas adoptar. Los músicos querían tocar, el público quería escucharlos, pero los riesgos para la seguridad parecían inaceptables. Luego de más de cuarenta minutos de deliberación, durante los cuales los miles y miles de fanáticos y curiosos esperaron estoicamente, se decidió que No Te Va Gustar haría tres temas, de los más tranquilos, para tantear la reacción de la masa y ver si se podía seguir adelante. Aún tocando las canciones más lentas del repertorio el delirio fue total, con bengalas, empujones, un vallado que temblaba y nerviosismo generalizado entre los encargados de seguridad.

El grupo pudo tocar tres temas más, pero fue imposible seguir. A pesar de que tanto el cantante como el baterista pedían serenidad entre canción y canción, no hubo caso: luego de seis temas, No Te Va Gustar eligió despedirse. Por suerte, la audiencia reaccionó bien y se dispersó sin protestar por la demasiado breve actuación de una de las bandas más populares de Uruguay.

Luego de esos 45 minutos de tensión y nervios, la Fiesta Final prosiguió pacíficamente durante el resto de la noche, con algunos incidentes aislados como una golpiza por parte de unos patovicas a un "avivado" que pretendía llevarse algunas cervezas gratis.

La seguridad en futuras Fiestas Finales

El hecho de que No Te Va Gustar tuviera que suspender casi toda su presentación obliga a pensar en la seguridad para eventuales próximas ediciones de la Fiesta Final. El cantante de NTVG señalaba: "Tenemos muchas ganas de tocar, pero no es nuestra responsabilidad si el vallado no aguanta". Tiene razón. Los responsables de la organización deberán reconsiderar las medidas de seguridad y la ubicación de los escenarios que ofrecerán a los números más populares.

En esta ocasión, no hubo que lamentar heridos o muertos, pero hubiese bastado que alguien se cayera en el medio de ese mar de gente que se dirigía a los empujones hacia el escenario de W. Lounge para que se produjera una desgracia. Puede que la cantidad de gente haya desbordado todos los cálculos previos. Ni siquiera con la zona agregada para este año —que comprendía el Teatro de Verano y sus inmedianciones— alcanzó para sentir que habían espacios descongestionados.

Impresiones varias

Otros momentos destacados la noche:

Jorge Nasser: El cantante comenzó luego de No Te Va Gustar y alguna de sus canciones coincidió con el espectáculo de fuegos artificiales. Con un sonido muy bueno para las circunstancias, el ex-Níquel convocó a mucha gente.

La zona electrónica de El Angel y Adrenalina: Fue uno de los espacios más calientes y sudados de la noche, con miles bailando y apretándose al compás de las secuencias electrónicas a cargo de DJ’s nacionales como Recycle, Eduardo Esquivel, Koolt y Marcelo Castelli. La movida electrónica uruguaya tuvo una gran noche.

La Trampa: A pesar de que era complicado oír a la banda desde las filas más alejadas (a esa hora, el viento había aumentado), el show fue muy celebrado por una numerosa y agitadora audiencia.

Argentinos: Entre los invitados, lo mejor fue lo ofrecido por el funk de Emmanuel Horvilleur, el enérgico grupo Arbol y el despliegue escénico de Fantasmagoria.

La tormenta eléctrica: Cerca de las cuatro de la mañana, la rambla ofreció un espectáculo de relámpagos que estimuló tanto como la infinidad de números musicales y artísticos.

 

Fabián Muro