EL ÉXITO, ¿Y DESPUÉS?

 


Llegar al "éxito", o al reconocimiento masivo a grandes escalas, es una etapa restringida a muy pocos artistas en el rock uruguayo. Tótem, Psiglo y Días de Blues en los años 70, Tontos, Estómagos y Traidores en los 80, Níquel, los Buitres, el Peyote Asesino y el Cuarteto de Nos en la década siguiente, y la Vela Puerca y No Te Va Gustar actualmente. No son todos, pero tampoco hay muchos más.
El Kinto fue una banda liderada por Eduardo Mateo y tuvo entre sus integrantes a futuros componentes de Tótem (Ruben Rada, Chichito Cabral). Es considerada casi unánimemente por todo los músicos locales como el primer grupo uruguayo que fusionó ritmos "beat" con el candombe y música brasileña, superando los parámetros del rock. Sin embargo, pese a su reconocida influencia, pasó de una manera increíblemente desapercibida para el gran público más allá de alguna presentación en el legendario programa "Discódromo" y sus habituales presentaciones en la boite "Orfeo negro". El talento y el éxito no siempre van de la mano. El Kinto y Eduardo Mateo, a más de diez años de su muerte en condiciones que no merecía, son hoy artistas de culto.
El tener acceso al éxito, no fue perdonado en muchos casos por el público, que solía acusar al artista de "venderse". Las bandas suelen iniciarse con una pequeña "hinchada", compuesta en muchos casos por amigos íntimos y conocidos de los músicos. De a poco puede ir aumentando su caudal de seguidores. Cuando el mismo llega a mucha gente, muchos de los "fans" primarios suelen sentir que el grupo "ya no les pertenece", lo que les genera un rechazo. Se los prefiere pobres, sufridos y luchadores, pero "nuestros", antes que reconocidos y "multitudinarios".
"Hay miedo al éxito porque la gente lo condena", sentencia Guillermo Peluffo. "El otro día me crucé con un tipo que siempre nos sigue, insultando a 'tal' banda porque la seguía 'una cantidad de gente horrible'. Esa persona a mí no me sirve como público, porque un día la Trotsky llega a tener algún tipo de suceso grande y me deja de escuchar".
"Acá la gente tiende a 'adueñarse' de las bandas", sostiene Mateo Moreno, el bajista de NTVG, "yo doy clases de bajo, y mis alumnos me dicen 'me encantaba <<tal>> (N. de R. en esta anécdota y la anterior de Peluffo, "tal" es la misma) banda, pero los fui a ver al Teatro de Verano y había mucha gente, no éramos los mismos, sentí que ya no era mi grupo'". Su compañero de ruta Pablo Abdala, baterista, añade que "es un tema de las elites, a muchos les gusta decir que sus gustos son compartidos por unos pocos. Me parece que es muy egoísta. Tener mucho público no le quita ni jerarquía ni calidad al producto; es más, le da otra libertad".
El Cuarteto de Nos era un grupo con un puñado de fieles seguidores hasta que editaron "Otra navidad..." en 1994. Entonces tenían diez años de trayectoria, y por primera vez se enfrentaban a un público que no tenía ni idea de sus trabajos anteriores ni de la época que se disfrazaban en la Feria de Villa Biarritz, sino que tarareaba con sus adolescentes voces "Me agarré el pitito con el cierre", "Solo un rumor" y "Bo cartero".
"La verdad es que no tengo una gran explicación para lo que pasó", recuerda el bajista Santiago Tavella, "tal vez el lenguaje medio soez que utilizábamos hizo pensar que seguíamos la línea de algunas cosas que estaban matando en la televisión. Algo así como 'ordinariotes pero simpáticos'. Igual, el malentendido duró poco". Como si fuera un presagio, el siguiente fonograma llevaba por título "Barranca abajo".
"En el '97, cuando se organizó 'Rock n'Roll de acá' nos silbó un montón de gente y nos decían que no hacíamos 'rocanrol', ¡claro que no, y qué te pasa!", sostiene Tavella quien asegura que nunca se creyeron el éxito porque "ya había antecedentes, como lo que pasó con los Tontos".
La banda de Renzo Teflón fue la primera en llegar al Disco de Oro además de tener un propio programa de televisión: "La cueva del rock" que se emitía por canal 4. Esto enfureció a los rockeros más ortodoxos.
Para Tavella, "ellos fueron el primer grupo de éxito que no se lo pudo bancar, no soportaron que a pesar de que les gustara mucha gente, cincuenta imbéciles les tiraran moneditas".
Otro grupo que sufrió el desprecio de una parte del público fue Níquel. Su estilo estaba alejado del punk predominante en la mayoría del resto de sus colegas de generación y tenía una exposición mediática bastante superior a las otras bandas (por ejemplo, eran asiduos concurrentes al programa de Omar Gutiérrez "De igual a igual"), además de contar con "hits" como "Candombe de la Aduana", "Nancy y Sid" y "Amo este lugar".
"No es que los músicos le tengan miedo al éxito en Uruguay, lo que hay es temor a reconocer que se lo desea", asegura hoy Jorge Nasser. "Creo que Níquel creó las condiciones para que hoy por hoy no sorprenda tanto que una banda sea masiva, pero fuimos los primeros en hacer tantas cosas que tuvimos que pagar el precio, se nos trató de 'comerciales' y 'vendidos'".
¿Cambió el público hoy en día? Sin hacer demasiado esfuerzo mental se pueden reconocer al menos cinco temas de grupos como la Vela, NTVG y la Abuela Coca. También alguno que otro de Sórdromo, Hereford o Elefante. Las canciones se escuchan en las radios y en las discotecas. Aparentemente ningún "purista" del rock ha puesto el grito en el cielo, ¿o sí?.
"Creo que la gente cambió un poco su predisposición, entiende que mientras seas fiel a lo que querés hacer y decir, sin perjudicar a nadie, todo es válido", sostiene Pablo Abdala (NTVG) que añade: "si no querés participar de una movida masiva, no edites un disco".
"El público ahora se siente identificado con las letras del Enano (N.de R. Sebastián Teysera, cantante de la Vela Puerca), con los temas de NTVG, con nosotros más que cantar gritan 'Santa Soledad'", indica Chole de la Abuela Coca, "porque hablan de su vida cotidiana, eso le hace subir un escalón más a la cultura nacional". Sin embargo, asegura que todavía existe un porcentaje de la gente que condena ese tipo de suceso: "es una onda '¿cómo mi vecino va a ser exitoso, si compra en la misma panadería que yo?'".
Las bandas actuales de éxito son conscientes que su notoriedad no le debe hacer gracia a algunos. "Debe haber gente, los más radicales sin duda, que nos estarán crucificando a nosotros", opina Nicolás Lieutier de la Vela Puerca, "cuando todo era más íntimo había otras personas ajenas al grupo que se sentían parte de eso y ahora creen que lo tienen que compartir; más allá de que esté de acuerdo o no, lo entiendo".
Muchos músicos coinciden en que el éxito les permitiría poder dedicarle más tiempo a crear y producir un material de mayor calidad artística. "Si a mí me gusta una banda, estaría bueno que los tipos se dedicaran de full a eso para hacerlo cada vez mejor, y para eso tiene que entrar plata", sostiene Rodrigo Gómez de Sórdromo quien se queja: "por un lado te dicen 'qué horrible, los músicos uruguayos se mueren de hambre', y por otro lado 'si cobrás, sos un vendido'".
La Tabaré Riverock Banda, como lo indica Tabaré Rivero en su libro "Diez años de éxito al dope" (Yoea/Aymara, 1996), ha hecho de la burla al "choluleo" y al "jetazo" una filosofía musical de vida. "Si sos personaje andá en limusina, y si no, no lo hagas", afirma el cantante.
Para él -quien afirma que no hay miedo al éxito en el medio uruguayo-, el hecho de no vivir de la Tabaré "provocó que haya transado menos, sino tendría que estar preocupado en componer 'hits' u ocupar un buen lugar en el 'ranking'". Si bien dice que nunca estuvo interesado en ser exitoso, "sí quería ser conocido, con el tiempo me di cuenta de lo lindo que era este camino, que respeten el producto y la obra artística sin necesidad de un número uno".
Es muy parecido el punto de vista de los Supersónicos: "lo malo de no vivir de la música es que no te podés dedicar a lo que te gusta, lo bueno es que no te tenés que prostituirte y que no te vas a morir por no tener un tema sonando en la radio" (Leo Sónico).
La libertad en el producto artístico es lo primordial para los músicos consultados tanto graben de manera independiente como para un sello uruguayo o multinacional. Chole indicó que si una empresa financia un proyecto, pasa a tener una voz en las decisiones, pero todos los que trabajan en un sello (local o no), han resaltado que en el plano musical no hay tenido ningún problema mayor.
Gabriel Peluffo afirma que “cuando vos cambiás tu arte y pasás a un ámbito en el que no te sentís cómodo y lo tenés claro, decís ‘esto no lo hago más’. En otros países, tal vez porque está exigido en el contrato, los músicos tienen que bancarse muchas exigencias extra o mucha injerencia de los sellos en el producto final, entonces se toman unos whiskys, se mandan una ‘bola’ y le dan para adelante... Acá en Uruguay no he visto nada de eso”.