DESERCIONES EN NO TE VA GUSTAR

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En menos de un mes, No Te Va Gustar sufrió la deserción de dos de sus miembros fundadores, Pablo “Chamaco” Abdala (batería) y Mateo Moreno (bajo). Fueron ellos dos junto a Emiliano Brancciari quienes le dieron vida al grupo hace más de diez años. Lo que comenzó como un trío de rock & roll en 1994, se convirtió en una amplia agrupación de música pop, enfáticamente atada al reggae y a un discurso nacionalista. A pesar de la retirada de Moreno y Abdala, la banda sigue adelante.

 

Días atrás el diario El País publico el ranking de ventas de discos uruguayos del mes de octubre. No Te Va Gustar colocó dos discos entre los seis más vendidos: el tercero de su discografía (Aunque cueste ver el sol) se ubicó en el cuarto lugar; el segundo (Este fuerte viento que sopla), en el sexto. Otra prueba más de su creciente popularidad. De hecho, es muy factible que sea la banda más popular del país; seguro, que al día de hoy ostenta la mayor convocatoria paga en la historia de la música uruguaya para ver un conjunto local (30 mil personas, dos recitales en el Velódromo Municipal).

Sin embargo, a pesar del soberbio momento que atraviesan, con todo lo que eso significa en la carrera del grupo y en lo anímico, sufren la baja de dos integrantes fundacionales, apenas unos días antes de la edición del cuarto disco, Todo es tan inflamable. El nombre es proféticamente adecuado, o adecuadamente irónico. Todo es muy inflamable, la partida de Abdala y Moreno, y el platino que consiguió el flamante cuarto trabajo en tres días.

Como se han ido tantos

El primero en alzar la voz en el seno de la banda para comunicar su retirada fue Chamaco. De inmediato, como si la novedad de uno contuviera la del otro, se sumó Mateo. La bomba cayó en pareja.

En una sucesión de explicaciones personales sobre el tema que los miembros fueron colgando en la página web del grupo, Emiliano, quien espero primero por las explicaciones de Mateo y Chamaco, publicó ayer su punto de vista sobre las precipitadas deserciones. Sobre los caminos que se le presentaron al grupo ante la salida de dos miembros importantes, escribió Emiliano:

“(…) desde que conocimos la decisión de mateo y de pablo después, pilares fundamentales de lo que hasta ahora fue ntvg, más allá de que en mayor o menor medida sus decisiones fueron golpes durísimos para la estructura de la banda, se nos plantearon dos caminos a seguir. uno de ellos y el que se descartó casi automáticamente fue el de dejar de tocar. Fue ahí mismo que nos miramos a la cara los que quedábamos y nos preguntamos qué queríamos y coincidimos de forma unánime que teníamos las ganas de seguir intactas, que la música nos ayudaría a superar ese extraño momento y que las canciones y lo que éstas nos generan están por encima de cualquier nombre (…)”.

Clarísimo. En las últimas líneas se lee la idea fundamental. NTVG trasciende el peso de cualquier integrante. “Las canciones y lo que éstas nos generan están por encima de cualquier nombre”; van más allá del protagonismo individual. Los integrantes de la banda son necesarios, pero no suficientes. El poder de lo abstracto, de la música, gana. Y la banda sigue.

La única voz (imprescindible)

Aún así, las expresiones de Emiliano parecen ser una verdad a medias; de nuevo, una justificación necesaria, pero no suficiente. El poder de las canciones pesa más que cualquier nombre en la banda, a excepción de uno, el del propio Emiliano. Así lo explícito Dennis Ramos (trombón de NTVG) en la diaria, en una consulta que ésta publicación independiente le realizó el pasado martes (21 de noviembre):

“El único imprescindible es Emiliano”.

Esta frase, controversial por su falta de tacto, es sin embargo una implacable verdad. Brancciari es NTVG, como Sebastián Teysera es La Vela Puerca. No hay banda sin ellos. Es la gravitación del frontman. Y aunque Emiliano no sea precisamente lo que se dice un tipo carismático, es, a pesar de ello, de la ausencia de un carisma notorio, una figura ineludible. La historia de la música es así para muchos casos. No hubo Sumo sin Luca. Y son muchas las bandas que siguen sin su principal figura, pero al final sólo representan un homenaje, un tributo al pasado; pienso en Grateful Dead sin Jerry García, y en todas las ridículas versiones de los Beach Boys y Creedence.

Las palabras de Ramos, tan contundentes, sin rodeos, se pueden definir como inesperadas para un grupo que ha hecho de la corrección política – en el sentido de representarse como una banda de amigos modélica – y de la humildad la base de su imagen. Por cierto, un paradigma frecuente dentro de la música pop, de los Monkees a Maná, y de Paul Anka a Alejandro Sanz. Y lo que no se debiera decir en términos de la comunicación interna de NTVG, Ramos lo largó sin vueltas en la diaria. Que se vayan todos, menos Emiliano. Una especie de todo bien con los compañeros que se van, pero esto sigue igual y sin miramientos. Y así es que Diego Bartaburu ya pasó a ocupar el lugar del Chamaco en batería, y parece que será el bajista de la banda local Don Nadie quien reemplace a Mateo Moreno, una baja que, más allá de lo espiritual, técnicamente era muy importante para el grupo.

“No se dejen llevar por bolazos de peleas”

En el rock, como todo en la vida, cuando alguien abandona un proyecto nacen las suspicacias, siempre y muy a pesar de cualquier declaración disuasoria. ¿Qué pasó? ¿Hubo peleas, no? Para el caso del rock, hay que decir que la gran mayoría de las bandas que se han separado y habrán de separase lo hacen por una cuestión de derechos de autor, regalías, o cualquier cosa que refiera a temas monetarios. Nadie, por supuesto, ha dejado entrever que éste haya sido el problema de NTVG. Para ello, si es que hubo algo, sólo el tiempo podrá aportar datos entre las fisuras que, de pronto y naturalmente, dejan de cuidarse.

Al momento, Chamaco se fue para estudiar audiovisual y por una novia en otro país. Mateo para transitar un nuevo rumbo artístico.

Por cierto, Moreno se ocupó de lapidar las suspicacias en toda oportunidad que tuvo de aclarar su retirada. Por ejemplo, en una segunda carta (la primera se publicó en la página oficial del grupo) que escribió especialmente para los fans argentinos, en el sitio web www.noeracierto.com.ar. Un extracto dice así:

“Pero quiero dejarles claro que yo los siento mis amigos y me alegra verlos, dentro o fuera de la banda. Espero que entiendan mis razones del alejamiento, y no se dejen llevar con bolazos de peleas, porque todo lo que fue, es y será entre nosotros es por amor, Emi es mi mejor amigo y lo será siempre, eso que quede claro”.

Por tratarse de la ida de dos miembros fundacionales, sustituibles pero a la vez entrañables para los fanáticos, el caso de NTVG es único dentro del contexto del actual furor del rock uruguayo, furor que, justamente, esta banda contribuyó en modelar, como uno de los grupos paradigmáticos del mainstream del rock uruguayo. Se trata del primer tropezón del idílico panorama amistoso-solidario de las bandas pujantes del rock nacional. El grupo no cae, pero advierte cuán frágiles las cosas son. Y es Emiliano quien agita la bandera, como ese soldado que, esquivando bombazos, recoge el estandarte para seguir con la carga. Dice:

“Por eso después de casi trece años, esta banda muta, pero no se extingue, porque tiene mucho más para dar”.