NTVG: UNA BANDA QUE SIGUE GANANDO Y CRECIENDO
En un Teatro de Verano lleno, No Te Va Gustar demostró por qué es una de las bandas con mayor arrastre del Uruguay.
El frío de la noche del sábado 20 de setiembre no guardaba
relación alguna con la inminente primavera. Sin embargo, la banda No Te Va
Gustar se encargó de darle color y calor en un recital, llamado "Caminos
verdes", en que confirmaron que son una de las bandas más populares y versátiles
del país. Y recibieron como recompensa el aplauso de un público que no les dejó
abandonar el escenario rápidamente, además de llenar el aforo del Teatro de
Verano. Una victoria total.
Si bien NTVG llevaba seis meses sin tocar en Montevideo, el hecho de no tener
material nuevo editado conspiraba, a priori, contra la posibilidad de una gran
asistencia, más allá de dos discos muy exitosos. Sin embargo, las entradas para
el recital se agotaron dos días antes, colmando totalmente las expectativas de
la banda. Y eso que no se podía hablar de precios populares (130 y 150 pesos).
Luego de dos breves recitales de los teloneros 6 pies y Loopez (ver aparte),
delante de una tan llamativa como austera escenografía consistente en tres
molinos cuyas aspas parecían girar anárquicamente, una brújula que haría su
aparición posteriormente, y con una poco usual disposición de los músicos (la
batería de Pablo Abdala estaba instalada a un costado y no al fondo, como es
habitual), la banda salió a escena a las 21:20, o al menos parte de ella. El
guitarrista y cantante Emiliano Brancciari, el bajista Mateo Moreno, el
percusionista Gonzalo Castex y el trompetista Martín Gil dieron el puntapié
inicial con una versión de "La soledad", más desnuda que la editada en Este
fuerte viento que sopla, precedida con un fragmento de "Caminos verdes", de
Ruben Blades, a modo de introducción.
Las revisiones de sus temas, tanto del primero como del segundo disco, ya se
insinuaban desde el inicio como lo más interesante de la presentación,
intercaladas con otras interpretaciones mucho más fieles a las registradas en
sus álbumes.
Los tres primeros temas se sucederían sin pausa. Al ya mencionado le seguirían
dos clásicos: "Nadie duerme" y "Déjame bailar", entonados por el público que
saltaba sobre las gradas en parte contagiados por la música, pero también para
combatir el frío reinante (por algo se le llama Teatro de Verano).
Fieles versiones de "La única voz", "Te quiero más" y "Padre de la patria"
sirvieron de base para presentar uno de los temas nuevos, un punk-rock todavía
inédito: "No te quiero acá" que fue muy aclamada por el público, al igual que el
otro estreno que se produciría después durante el transcurso de la actuación, el
muy interesante reggae "Verte reír".
Un inicio cansino de "Yalala la la m m", cuya intensidad iría in crescendo; una
versión más eléctrica y menos mariachi de "Mucho más felíz"; una recreación
cargada de salsa de "Via volvé" (con Pato Olivera en trompeta y Mauricio Sosa en
percusión como invitados); y el cover de los desaparecidos (tras una tan
prometedora como efímera existencia) Loop Lazcano "Gris" fueron los siguientes
mojones de los Caminos verdes. Estos solo fueron una muestra del eclecticismo de
esta banda que toma varios ritmos y los resignifica dentro de una matriz
rockera, y de un interés en probar diferentes maneras de cantar canciones que,
en algunos casos ya llevan un lustro de compuestas.
Un elemento a destacar, fue la soltura mostrada por Emiliano Brancciari que
además de su rol de cantante y guitarrista, comienza a asumir el de verdadero
frontman, actuando mucho más comunicativo que en recitales anteriores, alentado
al público a cantar y explicando de qué trataban los temas nuevos.
Uno de los grandes momentos de la noche sobrevino inmediatamente después. Si
bien cada uno de los músicos tiene su oportunidad de lucimiento - Gonzalo Castex
en "Via volvé", el saxofonista Mauricio Ortiz en "Quémala", el trombonista
Dennis Ramos en "Cosa linda", además de acertadas intervenciones de Brancciari
en la guitarra y el tecladista invitado Marcel Curuchet (ya casi un octavo
NTVG)-, el que se robó las palmas en materia de virtuosismo fue Mateo Moreno y
su bajo. Utilizando su noble y usualmente relegado instrumento, se las arregló
para improvisar un solo que contenía frases de "El día que me quieras" y ¡el
Himno (cantado por todo el teatro, y eso que no era fecha patria)! Y todo eso,
como introducción al tema de su autoría, "Machete", primero solo con las cuatro
cuerdas y luego acompañado por los teclados y la percusión, en una versión que,
sin bien perdió el "sabor salsero" de la original, impresionó por su sencillez y
sobriedad. Al final, se llevó de regalo una de las mayores ovaciones de la
noche.
Como si la banda no quisiera dejar respiro en el rubro sorpresas, tras
"Quemala", Brancciari anunció que llegaba el turno de "otro tema que no nos
pertenece, desgraciadamente...". Se refería a "Flores en mi tumba", de los
Traidores; pero como si el impacto hubiese sido poco, a mitad de la canción
salta a escena Juan Casanova para terminarla como un dueto. A cargo del propio
Casanova quedaría inmediatamente la primera voz de "Tenés que saltar", en una
especie de devolución de gentilezas.
Tras una frenética "Me cuesta creer", el sonido, que salvo ocasiones puntuales
estuvo impecable, se ensañó con la banda en "No hay dolor", cantada de principio
a fin por el público (quien escribe se sorprendió con ésto, ya que a su criterio
es uno de los temas menos interesantes del repertorio de NTVG).
Otros dos temas del último disco, una fiel "Más mejor" (con el teatro unido en
un solo salto) y una más pop "Clara" (con un único toque murguero aportado al
final, por la batería de Abdala), precedieron a otro del primero, una acelerada
"Nada para ver". También hubo una remozada versión para "Cosa linda", a ritmo de
reggae y con guitarra eléctrica, y con los acostumbrados lucimientos de Martín
Gil haciendo la voz que en "Solo de noche" le correspondió a Mandrake Wolf y de
Dennis Ramos al frente del escenario. El final del primer tramo llegó a todo
rock con "No se les da".
Para unos bises, que se demoraron bastante, NTVG eligió una breve "Don Irigoyen"
que sirvió como enganche a los dos temas más conocidos del último disco: "Cómo
brillaba tu alma" y "Te voy a llevar" (donde nuevamente hubo varios molestos
acoples). El final, tan acostumbrado como esperado, le correspondió a "No era
cierto", o al menos ese fue el cierre que la banda había programado. Es que el
público que llenó el Teatro de Verano, que bailó, saltó y agitó de una manera
tan entusiasta como pacífica, acostumbrada en cada recital de No te va gustar,
no se movió de sus asientos pese a que ya habían pasado dos horas y cuarto de
música. Al pedido insistente de "otra", la banda decidió acceder, sorprendiendo
a muchos, ya que no suelen tocar más después de "No era cierto". Al no tenerlo
previsto, el último bis fue la repetición de "Déjame bailar", que dejó a los
fans agradecidos y a los músicos sumamente reconfortados.
El recital no hizo más que confirmar el crecimiento constante de la banda y el
trabajo dedicado a la producción del show.
Los Teloneros
Los recitales de 6 pies y Loopez, encargados de prender el fuego, tuvieron la
similitud de que ambos duraron menos de media hora y constaron de solo cinco
temas.
Los primeros, un grupo muy poco conocido - o casi desconocidos, para ser más
exactos -, un cuarteto integrado por un guitarrista y cantante, un bajista, un
baterista y un saxofonista, comenzó su presentación en el Teatro de Verano,
cuando el mismo ya presentaba una concurrencia muy respetable, pocos minutos
después de las 20 horas (cuando estaba previsto el inicio del espectáculo).
Pese a presentarse por primera vez ante miles de personas, 6 pies se mostró muy
tranquilo en escena. Su rock clásico, con algunos momentos funk, a caballo entre
Divididos y los Redonditos de Ricota, arrancó aplausos de aprobación de quienes
ya empezaban a abarrotar las graderías.
A las 20:30 llegó el turno del proyecto electrónico Loopez. Nicolás Costa junto
a su banda presentaron un set totalmente instrumental basado en el disco "Pool".
Si bien hubo muy correctas interpretaciones de "New Soul" y "Pocket" y una parte
del público, muy pocos, se plegaron a la sugerencia de Costa ("los que quieran
pueden bailar"), la diferencia entre esta propuesta y la de NTVG, a la que todos
habían ido a ver, provocó que se mezclaran respetuosos aplausos con algunos
silbidos decididamente groseros.
Leonel García