ALGO NUEVO VIENE DESDE LA OTRA ORILLA
Un movimiento que no se detiene: se impone por su calidad y
autenticidad, y en contra de las limitaciones.
El canto popular uruguayo tiene guardados más secretos que los que aquí
conocemos
Aquí conocemos, y admiramos, a artistas como Jaime Roos, Rubén Rada y Jorge
Drexler
Pero también hay otros, tan importantes y creativos como ellos
A un Buquebús de distancia, en la otra orilla del Río de la Plata, hay toda una
camada de músicos uruguayos que todavía son un misterio para la mayor parte del
público argentino. Las cosas están empezando a cambiar lentamente. Las buenas
temporadas que cosecharon el año pasado Jaime Roos, Rubén Rada y Jorge Drexler,
cabezas del movimiento, más la llegada de bandas rockeras como la Tavaré o el
Cuarteto de Nos y la edición de discos, de este lado del charco, son un pequeño
signo favorable.
Sin embargo, todavía la nueva música uruguaya, y otra no tan nueva, que se
desprende más de la influencia del inefable Eduardo Mateo, sigue siendo en esta
orilla para un pequeño grupo que la consume secretamente. Candombe beat, murga
de fin de siglo, electrónica, rock, fusión y canción popular se mezclan en un
movimiento amplio, con figuras tan ocultas como brillantes.
El candombe según Mateo
Para muchos, la fundación de una buena parte de la música popular que se produce
hoy en Uruguay, desde hace 30 años, tiene nombre y apellido: Eduardo Mateo. El
creador montevideano, que dejó una leyenda más grande que su popularidad y murió
en 1990, plasmó una innovadora sonoridad, bautizada candombe beat ysurgida del
cruce del candombe, la bossa nova y los Beatles. "La influencia de Mateo es la
mayor de la música uruguaya, dentro de mi formación -afirma Jaime Roos-. Para el
caso de algunos músicos, su ejemplo fue vital. Era un auténtico maestro. El que
iba haciendo punta, abriendo horizontes, el más audaz, innovador y sofisticado.
No creo que haya un músico más admirado por sus colegas."
El trabajo de recopilación de toda la obra de Eduardo Mateo fue realizado por
Jaime Roos. El material que se consigue en las disquerías especializadas es la
mejor forma de entrar en el universo desmesurado, inasible y desgarrador de
Mateo. "Para mí -completa Roos-, fue un simple acto de justicia. Somos unos
cuantos los que hablamos de "la causa", y Mateo es una bandera para nosotros. Me
di cuenta del vacío discográfico que había, ya que no estaba editado en CD, y
entonces propuse hacer esos tres discos, que fueron tremendamente populares, y
hasta en la Argentina han despertado interés."
La generación intermedia
Los cantautores siempre tuvieron un lugar especial en la música uruguaya.
Muchos, cercanos a la corriente popular que arrancó con Alfredo Zitarroza,
siguió con José Carabajal, El Sabalero, y, más acá, se corporizó en Roberto
Darvin y en Pablo Estramín. En paralelo, otra canción más urbana y poética se
fue colando con su particular visión, como parte de un núcleo de autores que son
respetados del otro lado y resultan imprescindibles por su originalidad, como
Eduardo Darnauchans y Fernando Cabrera. Ellos son parte de una generación
intermedia, puente entre Mateo y Roos, que se pasean con elegancia entre el
intimismo, la experimentación y el cruce de estilos. Cada aparición de sus
discos -graban esporádicamente- se convierte en un acontecimiento en el ambiente
musical de Uruguay.
Dentro del nuevo panorama es innegable la sorpresa que generó Jorge Drexler
(heredero de Darno y Cabrera). Pero el músico ya tiene una suerte de sucesor,
que lleva el nombre de Martín Buscaglia. Con un primer disco, "Plácido domingo",
producido por Gustavo Montemurro y editado por Zapatito Discos, un
desprendimiento del sello Universal, el joven compositor ofrece una propuesta
con mucha frescura. El disco contó con toda la plana de la nueva generación de
músicos, como los hermanos Ibarburu, y con pesos pesado como Rubén Rada y Leo
Maslíah. "No tengo duda de que si Martín viviera en un lugar como México,
tendría el éxito que hoy tiene Jorge Drexler", afirma Rada.
Entre las mujeres hay excelentes voces, como las de Laura Canoura, Estela
Magnone, preferida por Jaime Roos, y Mariana Ingold, con su proyecto a puro
tambor y candombe. Pero de la nueva camada se puede hablar de Samantha Navarro,
heredera del humor corrosivo y delirante de Leo Maslíah, adicta a la fusión del
pop, el rock, el folklore y a la mezcla de idiomas. En sus letras, con una
mirada burlona de la visión femenina, canta cosas como ésta: " Envenené su
tanque de agua, provoqué un escape de gas, le leí la Divina Comedia, mientras le
daba arsénico con champagne ".
Sus dos primeros discos -"Samantha Navarro" y "Mujeres rotas"- se pueden
conseguir en la Argentina. Su último material, "Tengo recuperación", producido
artísticamente por Rada, la coloca como una de las voces más originales de su
generación.
También el cuarteto La Otra, en el rubro femenino, ofrece un trabajo vocal con
repertorio que aborda a nuevos y clásicos contemporáneos de Uruguay, como Mateo,
Cabrera, Drexler, Rada, Wolf y la propia Samantha Navarro. Tocaron en ciclos en
Buenos Aires y tienen un disco para escuchar con atención. Ellas se definen como
"cuatro voces solas que se sostienen por sus arreglos". El resultado sirve como
"vehículo para transmitir la música de la región. Quizá con esta nueva cara la
canción uruguaya llegue a un público al que no llegaba antes".
Peligro de murga
Bajo el cielo del verano, cada año desfilan el candombe (para la época de las
llamadas) y las murgas por los tablados montevideanos. En Buenos Aires se tiene
apenas una pequeña muestra de este pedazo de identidad uruguaya con las
presentaciones que de este lado del charco realizan agrupaciones murgueras como
Falta y Resto, Contrafarsa, Los Diablos Verdes y la veterana Araca la Cana. Pero
varios de sus discos, publicados en la Argentina, abren el género a la mixtura
con otras expresiones.
Contrafarsa, que lidera Edú "Pitufo" Lombardo, grabó un CD sobre canciones
futboleras de Mauricio Ubal. Y uno de los mejores ejemplos de las posibilidades
que se desprenden a partir de una batería murguera (bombo, platillo y tambor)
quedó expresado hace un par de años en el álbum "Peligro de murga", de Pablo
"Pinocho" Routín. "El disco es una conjunción de diferentes cabezas y
vertientes. Rock, candombe y murga pura. Y eso es lo que está pasando en el
Uruguay. Hay vínculos después de padecer las etiquetas durante muchos años",
asegura Routín, referente murguero y ex colaborador de Jaime Roos.
Freddy Bessio, actual voz del grupo de Roos, es otra revelación que salió del
riñón de la murga. "Es complejo llevar adelante una producción, pero creo que
Freddy, como Canario Luna en su momento, está maduro para hacer un álbum
solista. Me gustaría -dice Jaime Roos- producirlo. Ya está a punto con un
perfil, una personalidad, trabaja desde los 13 años en los tablados, está en un
momento muy bueno, en su canto y en su estilo."
Cuestión de gusto
La mayor revelación dentro del panorama rockero quizá sea "No te va a gustar",
un combo que nació hace siete años y hoy, con una formación numerosa que incluye
sección de vientos, es el favorito de público y músicos. En 1999 publicó una
edición independiente del CD "Solo de noche", y desde entonces agota las
entradas de todos los shows que ofrece.
Muchas tienen cierta referencia de ida y vuelta, con bandas argentinas como la
popular Vela Puerca, la histórica agrupación Los Buitres, o buscan la mixtura,
como Abuela Coca, soporte de Manu Chao en su visita a Montevideo. Otras están
empezando a ser conocidas de este lado de la orilla como la Tavaré, Buenos
Muchachos, The Supersónicos y el Cuarteto de Nos, grupo de larga data, con su
festiva acidez (algunos lo identificarán con la Bersuit), plasmada en el disco
"Cortamambo", que fue editado por el sello independiente Ultrapop.
En una vertiente más electrónica, la aparición de Peyote Asesino, en 1995, marcó
una etapa importante. Tras la disolución, la música de Carlos Casacuberta, Juan
Campodónico, Pepe Canedo, L. Mental y Daniel Benia, un cóctel de rock fuerte,
samplers y cadencias de rap y hip hop, sería el caldo de cultivo para otras
experiencias: Casacuberta y Campodónico se asociarían nuevamente para darles el
aporte electrónico a los discos de Jorge Drexler.
Casacuberta también integra la elogiada Gaucho, con Francisco Fattoruso y
Canedo: "Un trío potente, pero que tiene sonidos de guitarras y bandoneones
tangueros y sintes ", dice Carlos. Otras propuestas que destaca Casacuberta es
la de Elefante, "por sus melodías bellísimas", y la de Juan Campodónico, que
actualmente se encuentra en Los Angeles dedicado a registrar un disco para el
sello Surco, de Gustavo Santaolalla. "Es un experimento que suena ciento por
ciento Río de la Plata, pero condimentado con la electrónica." La música
rioplatense que todavía está por venir
dera del humor corrosivo y delirante de Leo Masliah, adicta a la fusión del pop,
el rock, el folklore y a la mezcla de idiomas. En sus letras con una mirada
burlona de la visión femenina canta cosas como esta: " Envenené su tanque de
agua, provoqué un escape de gas, le leí la divina comedia, mientras le daba
arsénico con champagne ".
Sus dos primeros discos "Samantaha Navarro" y "Mujeres rotas" conseguibles en
Argentina y su ultimo material "Tengo recuperación", producido artísticamente
por Rada, la colocan como una de las voces más originales de su generación.
También el cuarteto La Otra, en el rubro femenino ofrece un trabajo vocal, con
un repertorio que aborda a nuevos y clásicos contemporáneos del Uruguay como
Mateo, Cabrera, Drexler, Rada, Wolf y la propia Samantha Navarro. Tocaron en
ciclos en Buenos Aires y tienen un disco para escuchar con atención. Ellas
definen su estilo como: "cuatro voces solas que se sostienen por sus arreglos".
El resultado final sirve como "vehículo para transmitir la música de acá, de la
región. Quizas con esta nueva cara la canción uruguaya llega a un público que no
llegaba antes".
Gabriel Plaza