MA' QUÉ VELA PUERCA, LOCO!
No te va gustar se animó al templo de nuestro rock/pop/reggae y reservó dos
fechas para meter a ocho mil pibes y mostrarles Todo es tan inflamable, su
último trabajo discográfico.
La necesidad de tocar en Obras Sanitarias por parte de algunas bandas no
pasa por meter más gente que en otros sucuchos porteños, sino de declarar el
obvio crecimiento y decirles a todos que el under ya es ajeno y lejano en su
nueva vida artística, a pesar, claro, de algunas mentiras pseudos convocantes de
nuestro mercado.
En la entrada, las mujeres de seguridad palparon más que los hombres: “¡recital
minero!”, gritó uno que pasó y se avivó de la situación. “Me tocaron el pavo”,
dijo una contenta después de un breve acto de lesbianismo en el cacheo en busca
de explosivos, drogas y cuchillos.
No apto para dormidos
“Va a ser una noche larga”, prometía el cantante después de terminar “De
nada sirve”, primer tema de los treinta y dos de la noche, que incluyó a Mario
Benedetti leyendo una estrofa en las pantallas gigantes. “¿Y este quien es?”,
dijo una medio perdida; “un escritor, no sé”, le respondió la culta del grupo,
que a los dos segundos desapareció entre el pogo de “Más mejor”. La amiga la
sigue buscando.
Casi en off, como último comentario de la entrevista al Bondi, los chicos habían
prometido presentar todos los temas de su último trabajo: “Es la única
oportunidad que tienen de escuchar el disco completo en vivo, después se
seleccionarán las mejores, o las que más respuesta tuvo del público”.
¡Mirá quien vino!
Como invitado subió el productor y ex Redonditos de Ricota, Tito Fargo, que
entró entre aplausos de entendidos y no tanto, para ayudar con las guitarras de
“El oficial”, un tema fuerte lleno de distorsión. La historia se repitió dos
veces más y la emoción de ver al compañero del Indio Solari ya no sorprendió a
nadie.
Las letras ya se sabían todas y por momentos los agudos femeninos opacaban el
grito varonil que se acostumbraba escuchar en los viejos recitales. Las chicas
deliraban con “Verte reír”, del disco anterior, Aunque cueste ver el sol. La
banda sale y entra para que en las pantallas salga parte del material del
próximo dvd con fragmentos en el estudio de grabación y en algún avión con
anécdotas, risas y ensayos, a cargo del ex NTVG, Mateo Moreno.
Faltó un negro
En esa seguidilla de temas del último disco, parecía que todo iba a respetar
la obviedad de encontrar a Rubén Rada arriba del escenario para ayudar con las
voces en “Tirano”, el mejor de los catorce del nuevo trabajo. Pero no, no vino,
y el trompetista Martín Gil tuvo que suplantarlo para remarla y hacer cómo si
nada hubiera pasado. Un pibe se prendió una tuca y terminó bailándola igual, sin
enterarse qué pasa ni quién era el chabón que imitaba esa voz uruguaya.
“Traje a papi, chicos”
Emiliano presenta al padre y se emociona. El viejo sale a escena y saluda re
canchero para poder abrazarlo y recibir cuatro mil aplausos. Brancciari le
dedica “Clara”, pero casi no puede cantarla y deja que lo hagan por él, total,
se la saben todos. Le sigue “La única voz”, que fue escrita pensada en la madre,
y la historia se puso lacrimógena, y los aplausos lo agradecieron.
Cosas que quedaron en el anotador
- “Simplemente Yo” es lenta y aburrida. La gente lo sabe.
- “Eskimal” no es mala, pero es eterna.
- Tito Fargo se parece al cantante de Villanos.
- “Mucho más feliz” y “Nadie Duerme”, despertó a los nostálgicos.
- Un pibe cree que está en la Creamfields en “Te voy a llevar”.
Todos pecamos de cursis
Una que ya no puede faltar debido a la obviedad de sus letras y la fácil
identidad ante cualquier historia de amor del público es “No necesito nada”, que
con la ayuda de varios hombros, las mujeres sacudían las manos desde arriba y
cantaban al cielo. Otros, los más románticos, se besaban los cuatro minutos del
tema, mientras otros, ya un poco más exagerados, iban saliendo en busca del telo
más cercano.
Flaco, aflojá con los subtítulos
Una mina miró a su amiga con cara de asco después de que un pibe transpirado
le rozó el brazo. Comenzaba “Pensar”, primer tema de difusión del disco nuevo y
la gente se puso como loca y se saltó los tres minutos veinte que dura. “Nos
estamos yendo”, gritaron entre todos y se despidieron con “No era cierto” y un
mini set de murga tocada por todo el equipo. Abajo bailaron, saltaron y se
despidieron contentos.
Qué frío la puta que lo parió
“Volvé a tu casa cuando quieras”, fue la frasecita pegadiza de la noche. Y
todos salieron, y todos volvieron a la cara de frío, a estar congelados, a
querer prender un pucho y querer estár en casa. El viento no se copó tampoco,
pero por suerte la pizza de Burgio, ahí, sobre Cabildo, mató el fresco y un
terrible bajón que ya empezaba a doler después de una larga noche de casi tres
horas en el primero de los tantos Obras que seguramente hará la banda uruguaya.
Sebastián Barrera