LOS CHARRÚAS INFLAMARON TODO TIPO DE INCÓGNITAS EN LA PRESENTACIÓN DE SU NUEVO DISCO
"Pensar" incógnitas
Un clima raro se percibía en la noche de sábado en Suipacha y Güemes. La
cita tenía algunos condimentos extras que le daban cierto aire de incógnita a
todo. Los uruguayos de No Te Va Gustar llegaban a Rosario con un nuevo disco
bajo el brazo: Todo es tan inflamable, que a priori había tenido una buena
repercusión en Argentina. Pero claro, restaba la prueba de fuego de todo
reciente trabajo discográfico: el vivo.
Pero no sólo esa incógnita, lógica de todo nuevo disco, se respiraba en el
ambiente; había otra que se sentía tal vez mucho más fuerte y giraba en torno a
los dos nuevos integrantes de la banda. A principio de año, el bajista Mateo
Moreno y el baterista Pablo Abdala, decidieron dar un paso al costado semanas
después de haber salido el disco en cuestión y fueron reemplazados por Guzmán
Silveira y Diego Bartabaru, respectivamente. ¿Cómo influirían en el sonido de la
banda? ¿Cómo sería la química arriba del escenario? Incógnitas, preguntas,
inquietudes que rondaban por el aire del lugar. Y una banda encargada de
develarlas: No Te Va Gustar.
"En la cara", tus respuestas
Afuera la lluvia no daba tregua y el reloj marcaba las 23:35 cuando los
charrúas pisaron las tablas. Su gente, entre gritos y empujones, esperaba
ansiosa acordes estruendosos y ritmos veloces para descargar esa adrenalina
cultivada durante una hora y media de espera y el clásico cántico "…oh no te va
gustar, no te va, no te va, no te va gustar…". Pero nada de lo esperado ocurrió.
Como suele ocurrir la banda sorprendió, y decidió abrir el show con "De nada
sirve"; una especie de baguala rioplatense perteneciente al último disco que dio
un cachetazo de emotividad en el momento menos pensado. "Más mejor", fue el
encargado de generar el primero de los tantos "pogos" de la noche seguido por
"En la cara", ejecutado en formato power trío y perteneciente también a su
último trabajo. Entre los saltos de este tema y los gritos desgarradores del
primero, la incógnita sobre el recibimiento del nuevo disco se comenzaba a
develar. Y si de cantar y bailar se trata, nada mejor que un hit para terminar
de abrir (valga la paradoja) la noche: "Verte reír".
Con un clima inmejorable, producto de una buena combinación de temas clásicos y
otros tantos de Todo es tan inflamable, Emiliano Brancciari (voz) anuncio "un
tema nuevo", ironizando sobre el casi mitológico "No hay dolor". Las gargantas
de las más de mil personas que había en el lugar se quedaron afónicas en el
medio de un clima impresionante, que surgía tanto desde arriba como desde abajo
del escenario, demostrando que el tema "es mucho más que una melodía bonita".
Sin dar respiro, como si nada hubiese pasado antes, en una especie de ciclotimia
musical, se escucharon los acordes podridísimos de "El oficial", dando inicio a
uno de los mejores momentos de la noche. Los versos, que cuentan la historia de
tres jóvenes asesinados por un policía hace cinco años en una estación de
Floresta en Buenos Aires, salían de la voz de Emiliano con toda la fuerza,
mientras los coros rapeados nos decían que "el ritmo de las balas sigue marcando
el compás".
El sonido era perfecto, los músicos se lucían a cada momento, y el público
seguía el ritual con cada tema. Así ocurrió con "Clara", en donde todos se
sentaron en el piso como cada vez que se hacen oír los murgueros acordes de la
canción. Pero si de rituales hablamos con "Tenés que saltar", se cumplió lo que
siempre: cuerpos elevándose a más no poder del suelo haciendo literalmente
temblar las paredes del sitio.
De la mano de "Tirano", destacado por un excelente juego de voces en contrapunto
entre Emiliano, Guzmán (bajo), Denis (trombón) y Martín (trompeta) comenzaba la
segunda mitad del show. Otro momento destacable fue la versión de "No necesito
nada": guitarra, bajo y piano se juntaron con el coro femenino del lugar para
ejecutar otro de los temas más conocidos del grupo.
"Pensar" y "Fuera de control" (los dos del nuevo disco) presentaron credenciales
de hit, momento antes de que se produjera uno de los puntos más altos de la
noche con "Al vacío". Acordes oscuros y una seguidilla de notas del solo de "Ji,
ji, ji" de Los Redondos, provocaron una ronda gigante en el medio del sitio y un
pogo aún mayor, para que cada uno mande al vacío a quien quisiera.
Impresionante.
"No era cierto", "Cielo de un solo color", "Me cuesta creer" y la clásica murga
del final cantada por todos los integrantes de la banda, configuraron el potente
y emotivo final de un show de dos horas.
"Simplemente yo", simplemente No Te Va Gustar.
No Te Va Gustar salió decidido a prender fuego todas las incógnitas que se
podían imaginar. Tal vez, no planteadas de ese modo para con ellos mismos, o tal
vez ya resueltas en las primeras presentaciones del disco. Lo cierto es que, en
primer lugar, no quedaron dudas respecto de Todo es tan inflamable: el disco
tiene crédito abierto para largo rato y no es casualidad. Los riesgos asumidos
en esta nueva placa, difíciles de digerir al principio, fueron valorados por su
público y quedó evidenciado en esta presentación en vivo. ¿La nueva formación?
Ni se notó. La banda sonó compacta, prolija y potente como siempre. Ahora resta
que los "nuevos" tengan el recorrido suficiente para animarse a aportar al grupo
todo lo que tienen en sus mochilas (que por lo que se pudo ver es mucho). El
saludo final, todos juntos abrazados, sirvió para que la última de las
incógnitas quedara resuelta: la magia está intacta.
Nota: Tomás Monteverde