UNA LLAMARADA DE ROCK
Finalmente, a pesar de algunas dificultades tanto a nivel
interno de la banda (dos de sus integrantes la abandonaron el año pasado) y
ciertos problemas de producción que hicieron dudar de la realización del
espectáculo, No Te Va Gustar presentó su último disco, “Todo es tan inflamable”,
ante más de 20.000 personas en el Estadio Charrúa.
Con apenas 15 minutos de retraso, la banda que ya cuenta con el doble platino y
acredita ser uno de los referentes más importantes del rock nacional actual, con
calidad “for export”, “incendió” la cancha. El espectáculo estaba precedido por
una gran expectativa, ya que hacía mucho tiempo que no tocaban en Montevideo y
tampoco se sabe cuando volverán a presentarse, porque pronto iniciarán una gira
por Argentina y Europa.
Un escenario de importantes dimensiones, dos pasarelas, tres pantallas gigantes
que permitían ver hasta el último detalle y un sonido por momentos con algunos
problemas de saturación, quizás por la gran intensidad que hizo que los vecinos
pudieran disfrutar del show sin pagar la entrada, enmarcaron casi tres horas de
rock and roll. A esto se sumó una imponente iluminación, la proyección de
audiovisuales que acompañaban cada uno de los temas, la emisión del backstage de
la grabación del disco, que servían como intervalo, y una cámara aérea que
registraba imágenes para la grabación del próximo Dvd.
Hablar de la calidad de producción en los shows de No te Va Gustar resulta casi
una obviedad. Porque si hay algo que destaca al grupo del resto de las bandas
locales es, justamente, el cuidado de la puesta en escena. Ya en su primer
presentación masiva (en el 2002 llenaron el Teatro de Verano con “Este fuerte
viento que sopla”, su segundo disco) se preveía que se pretendía apostar a más,
y eso fue lo que sucedió. Por eso, después de varias pasadas por el templo del
rock y varios Velódromos, se dieron el gusto (aunque no colmaron las
localidades, la capacidad era de 26.700 lugares) de “jugar en primera”.
No Te Va Gustar salió a la cancha estrenando nuevo equipo. Diego Bartaburu (ex
Cursi, en batería) y Guzmán Silveira (ex Don Nadie, en bajo) sustituyeron a los
fundadores Pablo Abdala y Mateo Moreno, que decidieron separarse de la banda
para iniciar proyectos personales. Aunque ahora la cara visible pasa a ser el
vocalista Emiliano Brancciari, que ya no cuenta con la complicidad de sus
compañeros de ruta, los “ex” no son del todo “ex”, ya que ambos son
protagonistas activos del proceso de grabación del disco: Moreno tiene dos temas
de su autoría (“Esquimal y “Simplemente Yo”) y Abdala se encarga actualmente de
todo lo relativo a la producción visual de la banda… Y además, como era de
esperarse, ambos compartieron escenario, arrancando la ovación de la gente que
todavía no se acostumbra a las caras nuevas. Los “nuevos”, por su parte,
agradecieron el recibimiento y superaron la “prueba de fuego” sin problemas.
“De nada sirve” (de “Todo es tan inflamable”) abrió el show que estuvo marcado
por un recorrido de canciones representativas de sus cuatro trabajos
discográficos, donde se alternaron los diferentes climas, pudiéndose percibir
claramente la evolución artística de la banda. De los ya clásicos “Mas mejor”,
“Clara”, “Mucho más feliz” y “No necesito nada” o “Verte reír”, “Ya entendí” y
“Como cuesta ver el sol”, donde el agite y la participación de la gente se hacía
mucho más intensa, se pasaba a un ambiente más intimista, introspectivo, una
sensación que se deja entrever cuando se recorren las melodías y las letras de
las nuevas canciones, como “Una triste melodía”, “Ilegal” o “Simplemente yo”,
que por momentos acaparaban el oído atento de la tribuna y algún que otro
celular encendido (sustituyendo a los clásicos encendedores en un claro gesto de
la “era digital”).
Por supuesto, no faltaron los invitados. Por allí desfilaron Bambino (Vinilo),
Darío Prieto (Mojigata), un viejo amigo del grupo, aunque para esta ocasión
faltó el clásico coro murguero. El que no subió a escena fue Sebastián “enano”
Teysera (Vela Puerca), que nunca falta a la cita, pero en esta ocasión, a pesar
del amague de Brancciari y del público que reclamaba... todo quedó en eso.
Uno de los mejores momentos fue la participación de Fernando Cabrera,
homenajeando al recientemente desaparecido Eduardo Darnauchans, con la canción,
de su autoría, “El instrumento”. El que también dio la nota certera fue Ruben
Rada, quien interpretó “Tirano”, tema que grabó junto a la banda dedicado a
George Bush, en palabras de Brancciari: “Un personaje nefasto”. Pero la perlita
fue cuando en homenaje a Tótem se despacharon con uno de sus temas míticos
(“Dedos”) que hizo mover a muchos de los presentes que ya denotaban algunas
canas.
Es que no hay duda que una de las cualidades, buscada o no, que supo lograr No
Te Va Gustar es traspasar las barreras generacionales. Como nunca quedó
demostrado que atrae a un público heterogéneo si los hay. Desde los chicos
menores de 12 años (que conformaban un grueso importante y son los que le
aportan color, ya que son los mayores consumidores de todo los productos
existentes: banderas, binchas, remeras, mochilas); las “fans” (esa masa
adolescente integrada básicamente por chicas que son las primeras en la fila y
las que ocupan los lugares de privilegio en la cancha, pegaditas a las vallas
sin importarles las avalanchas); y los padres, que con la excusa: “vine a traer
a los chicos”, son los que más saltan y corean las canciones sin perderse un
párrafo. Será por eso que en algún momento se escuchó decir: “Esto ya se parece
a un recital de Jaime Roos”.
Lo cierto es que, más allá de la “imagen” de la banda y de cuáles son los
caminos que resuelvan seguir, estos pibes que se juntaron en 1999 y empezaron a
tocar tímidamente en los bailes del liceo, comenzaron un proceso de creación
artística que hoy los coloca como uno de los grupos con más proyección
internacional. No le tienen miedo al cambio y eso se nota, en las apuestas
musicales (ya no están aquellos temas agitados que se escuchan en el primer
disco “Solo de noche” y no están los ritmos latinos que los caracterizaron en
sus primeros tiempos) y en la postura de la banda.
Pero algunas cosas no cambian... dicen. Por eso, para el final, “No era cierto”,
el tema que oficia de ritual (aunque esta vez no hubo “bis”).
Natalia Castelgrande