NTVG EN EL VELÓDROMO

 

Diario El País - Montevideo


CONVOCO A CERCA DE 30.000 PERSONAS PARA LOS UNICOS CONCIERTOS QUE DARA ESTE AÑO EN MONTEVIDEO

La agrupación reafirmó su popularidad en un concierto de casi tres horas de duración

A cinco minutos de la hora señalada como el comienzo, las colas de gente esperando para entrar al Velódromo todavía eran largas. Jóvenes y veteranos, hombres y mujeres, en pareja, en barra o por su cuenta: el público acudió masivamente a la primera de dos únicas presentaciones de NTVG en Montevideo este año. 16.000 personas buscaron reafirmar su preferencia por la música de la banda en la noche del sábado.
La demanda por ver a NTVG atraía a curiosos y revendedores, que repetían "tengo agotadas tengo" como un mantra. La convocatoria del conjunto, que ayer repitió su presentación ante prácticamente la misma cantidad de público, no parece responder únicamente al poder de su música. Como los propios integrantes de NTVG sostienen, el alcance de sus canciones y la pasión que ellas despiertan forman parte del triunfo del rock nacional, que vive momentos de gloria en cuanto a popularidad, presencia en los medios y auspicios empresariales. Al menos en lo que hace a algunas bandas, como la protagonista de la noche, La Vela Puerca, Buitres y La Trampa. De algunas de esas y también otras agrupaciones se acordó el cantante Emiliano Brancciari durante varios momentos del recital, con palabras de agradecimiento y aliento.
Más allá de esa sensación de victoria colectiva, NTVG puede atribuirse buena parte de ese triunfo y también el mérito por intentar hacer de esa consagración un asunto más espectacular e impactante. La puesta en escena de sus conciertos en el Velódromo fue una apuesta en esa dirección. El escenario ubicado en el medio impresionaba por sus dimensiones y permitía una vista desde casi todos los ángulos. Los equipos de amplificación apuntaban hacia los cuatro puntos cardinales y el equipo de luces era un estallido de colores.
A cinco minutos de las nueve, las luces se apagaron, los gritos se multiplicaron, las banderas empezaron a flamear y lo primero que se vio por las pantallas gigantes fue un extracto del registro llevado a cabo por los propios músicos de la más reciente gira europea. Como embajadores del rock nacional, NTVG iba por Alemania, Austria y Suiza ("El Uruguay de las Europas", decía el trompetista y cantante Martín Gil) y tocaba en escenarios decididamente más modestos que el del fin de semana. Finalmente, las imágenes dieron paso a los sonidos y el grupo hizo su primer tema, La soledad, canción que recurrentemente abre los conciertos de NTVG.
A lo largo de las dos horas y media de duración, quedó claro que el grupo pasa por un momento muy favorable. Recorrió la parte más exitosa de su repertorio (Clara, No hay dolor, Ya entendí, Te voy a llevar, Dejame bailar en versión "unplugged" y muchas más), revisitó algunas canciones menos frecuentes en sus shows, como No se les da y adelantó un par de canciones aún inéditas como En la cara, propulsada por el bajo y la batería y con un letra bastante oscura.
A pesar de algunos desajustes en el sonido durante momentos del concierto, el grupo estuvo a la altura del desafío que planteaba el gran y abierto escenario. Y también demostró que pocas bandas del medio, si alguna, exhiben una ambición musical semejante . El grupo ha madurado considerablemente como unidad musical y se mueve con comodidad y talento en varios estilos. Desde el reggae hasta el rock y el pop, pasando por la murga y el folclore, en todos esos terrenos NTVG es capaz de componer "hits" y llevarlos al escenario con una solvencia técnica admirable. Y a pesar de que gran parte de la atención se concentra en Brancciari y su cada vez más exquisita guitarra, todos los músicos hacen importantes aportes al espectáculo, desde el percusionista Gonzalo Castex, que a veces le da una mano a Brancciari con una guitarra acústica, al saxofonista Mauricio Ortiz, cuyo solos estuvieron entre lo mejor de la noche.


Precios, dedicatorias y guitarras


Según la suerte del aspirante, se podía comprar una entrada que originalmente costaba $ 165 a $ 200, $ 250 o $ 350, dependiendo del revendedor consultado.
"Gracias por traer a sus hijos. Y a sus padres. No perdamos eso", dijo Brancciari acerca del heterogéneo público que fue al recital.
Esta vez, no hubo invitados especiales. Pero el grupo se acordó de su amistad con La Vela Puerca y realizó una versión de Zafar, uno de los temas de A contraluz, el último disco de la banda encabezada por el cantante Sebastián Teysera.
También La Trampa fue saludada por el vocalista, que en varias partes del concierto tocó con la Gibson Les Paul que pertence al guitarrista de esa banda, Garo Arakelian.
Además de los temas inéditos, NTVG incursionó en los dominios de la música electrónica en una composición instrumental en la que abundaron los "sampleos" de la voz de Líber Seregni.

 

Fabián Muro